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	<title>Agile &#8211; Jesús Gómez</title>
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	<title>Agile &#8211; Jesús Gómez</title>
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		<title>Scrum Master: ¿Líder o el nuevo jefe encubierto?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Feb 2025 13:58:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Agile]]></category>
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					<description><![CDATA[En el mundo de la agilidad, el Scrum Master es esa figura casi mística que aparece en las reuniones diarias, repitiendo mantras sobre mejora continua y facilitación. Pero...]]></description>
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<p>En el mundo de la agilidad, el Scrum Master es esa figura casi mística que aparece en las reuniones diarias, repitiendo mantras sobre mejora continua y facilitación. Nos han dicho que no es un jefe, que su rol es el de un «líder servicial», alguien que ayuda al equipo a alcanzar su máximo potencial sin imponer órdenes ni interferir en su autoorganización. Sin embargo, en muchas organizaciones, el Scrum Master se ha convertido en algo más parecido a un jefe encubierto: no decide, pero todo debe pasar por él; no manda, pero siempre tiene la última palabra. Entonces, ¿es un líder o simplemente un gestor con un disfraz más moderno?</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">El ideal del Scrum Master: Un facilitador sin poder</h4>



<p>En su definición más pura, el Scrum Master es un facilitador del marco de Scrum. Su trabajo es ayudar al equipo a eliminar impedimentos, mejorar procesos y garantizar que se sigan los principios ágiles. No da órdenes ni asigna tareas; simplemente guía y protege al equipo de distracciones externas. En teoría, es la antítesis del jefe tradicional, un compañero de viaje que empodera a los desarrolladores para que sean dueños de su trabajo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La realidad: El jefe sin corbata</h4>



<p>La práctica, sin embargo, es otra historia. En muchas empresas, el Scrum Master acaba desempeñando funciones que se asemejan a las de un jefe tradicional, pero con una jerga más «moderna»:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Controla sin parecer que controla</strong>: Aunque en teoría no asigna tareas, muchas veces es quien define qué se prioriza y cómo se gestiona el backlog.</li>



<li><strong>Reuniones&#8230; muchas reuniones</strong>: Si un jefe tradicional te llamaba a su despacho, ahora tienes reuniones diarias, retrospectivas, refinamientos y revisiones. La burocracia ágil sigue siendo burocracia.</li>



<li><strong>Evangelizador del proceso</strong>: No hay peor tiranía que la de quien predica la libertad, y muchos Scrum Masters actúan como guardianes de la «pureza ágil», impidiendo cualquier adaptación del marco que no encaje con su visión.</li>
</ul>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La paradoja del Scrum Master</h4>



<p>El problema radica en que muchas organizaciones han adoptado Scrum sin cambiar realmente su cultura de liderazgo. Han sustituido los títulos de «jefe de proyecto» por «Scrum Master», pero la estructura de poder sigue intacta. Se sigue midiendo la productividad en función del número de historias completadas, se exigen reportes disfrazados de «seguimiento del sprint» y el equipo sigue sin tener verdadera autonomía.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">¿Cómo evitar que el Scrum Master sea un jefe con otro nombre?</h4>



<p>Si realmente queremos que el Scrum Master sea un facilitador y no un jefe encubierto, es necesario:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Separar su rol del de gestor de equipo</strong>: No debe ser quien toma decisiones estratégicas ni quien reporta avances a la dirección.</li>



<li><strong>Fomentar la autoorganización real</strong>: El equipo debe poder definir su manera de trabajar sin depender de la aprobación del Scrum Master.</li>



<li><strong>Reducir la burocracia ágil</strong>: Menos reuniones, más tiempo para trabajar.</li>



<li><strong>Aceptar que la agilidad no es religión</strong>: Cada equipo es diferente, y lo que funciona para unos no necesariamente sirve para otros.</li>
</ul>



<p>El Scrum Master tiene el potencial de ser un gran aliado en la transformación ágil, pero solo si se mantiene alejado de las viejas dinámicas de poder. De lo contrario, será solo otro jefe con una sudadera en vez de una corbata, organizando reuniones en lugar de dar órdenes directas, pero con el mismo nivel de control sobre el equipo. ¿Líder servicial o jefe 2.0? La diferencia, al final, está en la ejecución.</p>



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		<title>Kanban: Más pegatinas no te hacen más productivo</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/351</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Feb 2025 13:38:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Agile]]></category>
		<category><![CDATA[Lean]]></category>
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					<description><![CDATA[El Kanban se ha convertido en una de las metodologías más populares en entornos de trabajo que buscan agilidad. Su promesa de mejorar la eficiencia, la transparencia y la gestión del flujo de trabajo ha seducido a equipos de todos los sectores. Sin embargo...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Si en lugar de leerlo prefieres escucharlo, puedes hacerlo aquí:</p>



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<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>El Kanban se ha convertido en una de las metodologías más populares en entornos de trabajo que buscan agilidad. Su promesa de mejorar la eficiencia, la transparencia y la gestión del flujo de trabajo ha seducido a equipos de todos los sectores. Sin embargo, su adopción en muchas organizaciones ha derivado en un exceso de tableros coloridos, con filas interminables de tarjetas adhesivas que lejos de facilitar el trabajo, generan confusión y burocracia visual.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">El problema del «Kanban de escaparate»</h4>



<p>Muchas empresas han abrazado Kanban de manera superficial, limitándose a la implementación de tableros llenos de post-its o su equivalente digital. Sin embargo, más pegatinas no significan más productividad. La verdadera esencia de Kanban no radica en llenar columnas con tareas, sino en gestionar de manera efectiva el flujo de trabajo, reduciendo cuellos de botella y optimizando el rendimiento del equipo.</p>



<p>El «Kanban de escaparate» es aquel donde se invierte tiempo en la organización estética del tablero, en categorizar tarjetas con colores llamativos, pero sin abordar los problemas reales de capacidad, priorización o eliminación de desperdicio. Como resultado, se convierte en una herramienta de gestión pasiva más que en una solución dinámica para la mejora continua.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Límites del trabajo en curso: El corazón de Kanban</h4>



<p>Uno de los principios fundamentales de Kanban es la limitación del trabajo en curso (WIP, por sus siglas en inglés). Sin un control real del WIP, un equipo puede verse abrumado con demasiadas tareas en paralelo, lo que ralentiza el flujo y genera bloqueos innecesarios. Si un tablero Kanban solo se usa para visualizar el trabajo, pero no para restringirlo y optimizarlo, su impacto en la productividad es mínimo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Visualización sin acción: Una pérdida de tiempo</h4>



<p>Otro error frecuente es pensar que simplemente visualizar el trabajo en un tablero es suficiente para mejorar la eficiencia. La visualización es un medio, no un fin. Kanban debe ir acompañado de revisiones constantes, de ajustes en los flujos y de toma de decisiones basada en datos. Si un equipo se limita a mover tarjetas de «pendiente» a «en curso» y de ahí a «terminado», pero sin aprender de los cuellos de botella o mejorar sus tiempos de ciclo, el tablero se convierte en un mero mural decorativo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Kanban bien hecho: Menos colores, más impacto</h4>



<p>Para que Kanban realmente aporte valor, es necesario:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Limitar el WIP:</strong> Reducir la cantidad de tareas en curso para evitar bloqueos y mejorar la entrega continua.</li>



<li><strong>Medir y ajustar:</strong> Usar datos reales para mejorar los tiempos de ciclo y la eficiencia del flujo de trabajo.</li>



<li><strong>Enfocarse en la mejora continua:</strong> No basta con visualizar tareas; se debe actuar sobre los problemas detectados.</li>



<li><strong>Evitar la burocracia visual:</strong> Un tablero Kanban debe ser una herramienta funcional, no un exceso de color sin significado.</li>
</ul>



<p>La próxima vez que veas un tablero Kanban sobrecargado de tarjetas, pregúntate: ¿esto está ayudando al equipo a trabajar mejor o solo es ruido visual? La verdadera productividad en Kanban no se mide por la cantidad de pegatinas, sino por la eficacia con la que fluye el trabajo.</p>



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		<title>La ironía de ser &#8216;Agile&#8217; en una empresa burocrática</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/118</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Dec 2024 10:00:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Agile]]></category>
		<category><![CDATA[Lean]]></category>
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					<description><![CDATA[El término Agile evoca imágenes de equipos dinámicos, decisiones rápidas y procesos fluidos. Es una&#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El término <em>Agile</em> evoca imágenes de equipos dinámicos, decisiones rápidas y procesos fluidos. Es una palabra que promete simplicidad y flexibilidad, una antítesis perfecta de la burocracia. Sin embargo, la ironía más grande del mundo corporativo moderno es que muchas empresas adoptan Agile mientras están atrapadas en un pantano de reglas, jerarquías y procesos interminables. ¿El resultado? Agile se convierte en otra casilla que marcar en el excel de compliance.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Cuando Agile choca con la burocracia</h4>



<p>Implementar Agile en una empresa burocrática es como intentar hacer correr a alguien con las piernas atadas. Puedes hacer un gran despliegue: formar equipos Scrum, poner pizarras llenas de post-its y contratar Agile Coaches. Pero si la estructura subyacente sigue siendo lenta y rígida, el esfuerzo está condenado al fracaso.</p>



<p>Imagina a un equipo tratando de implementar un sprint, pero cada decisión tiene que pasar por cuatro niveles de aprobación. O un backlog que necesita la bendición del comité estratégico antes de moverse un centímetro. En este contexto, los valores de Agile –autonomía, adaptabilidad y entrega continua– no solo son imposibles de alcanzar, sino que terminan siendo palabras vacías en un PowerPoint.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Los rituales vacíos de Agile</h4>



<p>La burocracia no mata a Agile de inmediato; lo pervierte lentamente. Se adueña de sus ceremonias y las convierte en formalidades sin propósito:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Daily Standups:</strong> Reuniones donde todos se limitan a repetir lo que ya escribieron en el Jira.</li>



<li><strong>Sprints:</strong> Proyectos que nunca terminan porque cada entrega necesita ser revisada y aprobada por departamentos que no tienen ni idea del objetivo.</li>



<li><strong>Retrospectivas:</strong> Una lluvia de ideas sobre cómo mejorar, cuyas conclusiones se archivan en algún rincón olvidado de Google Drive.</li>
</ul>



<p>Estas ceremonias, diseñadas para ser rápidas y enfocadas, se vuelven un reflejo de la burocracia: largas, tediosas y, al final, inútiles.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">El Agile simbólico</h4>



<p>En muchas empresas, Agile no es más que un símbolo. Se adopta porque «es lo que se hace ahora», no porque haya un verdadero interés en cambiar. El resultado es un Agile de fachada: se contratan Agile Coaches, se rediseñan oficinas para parecer startups tecnológicas, y se implementan herramientas como Jira o Trello. Pero el cambio cultural, el verdadero núcleo de Agile, ni siquiera se toca.</p>



<p>Esto crea una desconexión brutal entre lo que se predica y lo que se practica. Los empleados ven cómo los altos mandos hablan de «ser más ágiles» mientras exigen informes interminables y aprueban decisiones con meses de retraso. Es difícil sentirse motivado por una metodología que, en la práctica, solo añade más trabajo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">¿Es posible ser Agile en un entorno burocrático?</h4>



<p>La respuesta corta es: sí, pero no sin esfuerzo. Adoptar Agile en una empresa burocrática requiere mucho más que instalar pizarras blancas y cambiar el título de los gerentes a Scrum Masters. Requiere voluntad real de romper con las estructuras rígidas y crear un entorno donde los equipos tengan autonomía y los procesos sean verdaderamente flexibles.</p>



<p>Algunas claves para lograrlo:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Empieza por la cultura:</strong> Agile no es una herramienta, es una mentalidad. Si los líderes no están dispuestos a cambiar su enfoque, cualquier intento de implementar Agile será superficial.</li>



<li><strong>Simplifica los procesos:</strong> Elimina pasos innecesarios en las aprobaciones y da a los equipos la autoridad para tomar decisiones rápidas.</li>



<li><strong>Evita el micromanagement:</strong> Agile se basa en la confianza. Si los gerentes no están dispuestos a soltar el control, es mejor no intentarlo.</li>



<li><strong>Acepta el cambio:</strong> Agile prospera en la adaptabilidad. Si los procesos no pueden cambiar rápidamente, no estás siendo Agile, estás jugando a serlo.</li>
</ol>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La ironía final</h4>



<p>La paradoja de Agile en una empresa burocrática es que, para implementarlo con éxito, primero necesitas ser menos burocrático. Es como tratar de aprender a nadar sin salir de la orilla. Si no estás dispuesto a cuestionar las reglas, las jerarquías y los procesos que definen tu empresa, Agile será solo otra etiqueta que añadir a tu lista de fracasos corporativos.</p>



<p>Así que, antes de pegar el póster del manifiesto Agile en la sala de reuniones, pregúntate: ¿estamos realmente dispuestos a cambiar o solo queremos parecer modernos? Porque, si no es lo primero, lo segundo es simplemente otra burocracia disfrazada de innovación.</p>



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		<item>
		<title>El gran malentendido de la agilidad: Un deporte de oficina mal jugado</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/160</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Nov 2024 20:30:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Agile]]></category>
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					<description><![CDATA[En las empresas, hay modas que llegan, deslumbran y… bueno, luego se convierten en una especie de karaoke empresarial donde todo el mundo canta, pero nadie da la nota correcta. La "Agilidad" es el último hit de esta lista.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>En las empresas, hay modas que llegan, deslumbran y… bueno, luego se convierten en una especie de karaoke empresarial donde todo el mundo canta, pero nadie da la nota correcta. La «Agilidad» es el último hit de esta lista. Y no hablamos de agilidad física, porque para eso ya está la clase de zumba de los martes, sino de esa filosofía que, mal entendida, se convierte en una gincana corporativa sin sentido.</p>



<p>Permíteme, estimado lector, desmenuzar algunos de los ingredientes del despropósito.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>1. Creer que la agilidad es igual a Scrum (y que Scrum es igual a magia)</strong></p>



<p>Para muchas empresas, «aplicar agilidad» es sinónimo de poner a un equipo a trabajar en Scrum, como quien cambia la vajilla de loza por una de porcelana pensando que eso hará la comida más sabrosa. Spoiler: no funciona. La agilidad es una <em>cultura</em>, no un post-it pegado en la frente del programador. Sin una base sólida de principios ágiles, el resultado es un caos organizado, donde la única agilidad que ves es la del equipo huyendo a otra empresa.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>2. El Scrum Master: ese papelito que le das al que está menos ocupado</strong></p>



<p>Es curioso cómo algunas empresas interpretan el rol del Scrum Master: «¿Que hace falta un líder? Pon al chaval ese que sabe usar Excel y, ya que estamos, que programe unas líneas de código de paso». El resultado: una figura a medio gas, a menudo asignada a alguien sin experiencia ni tiempo. Después, cuando el proyecto se hunde, se culpa al Scrum Master como si fuera el timonel del Titanic. ¡Sorpresa! El barco nunca tuvo timón.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>3. Product Owners: técnicos infiltrados en el negocio</strong></p>



<p>El Product Owner debería ser el vínculo entre el equipo y la realidad del negocio. Alguien que entienda las necesidades del cliente y traduzca eso en prioridades claras. Pero no, porque aquí viene la gran idea: «Que lo haga alguien del área técnica. Total, son lo mismo, ¿no?». Claro, como poner a un violinista a tocar la batería. Resultado: un backlog lleno de requisitos que nadie quiere y clientes mirando con cara de «¿pero esto qué es?».</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>4. Los &#8216;Principios ágiles&#8217;: esos grandes desconocidos</strong></p>



<p>¿Quién necesita entender algo tan básico como los principios ágiles cuando puedes ir directamente al lío, verdad? Para muchas empresas, la agilidad es una palabra bonita que adorna la presentación de PowerPoint. Los principios, como «colaboración», «adaptación» o «entrega de valor», se quedan relegados al fondo de un cajón, junto a aquel manual de ética corporativa que nadie lee.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>5. Scrum no es el Santo Grial (ni el único método)</strong></p>



<p>Scrum es solo una herramienta, no el nuevo mandamiento empresarial bajado del Monte Sinaí. Pero las empresas tienden a idolatrarlo, olvidando que es <em>una forma</em> de organizar equipos, no la única. Además, Scrum no resuelve conflictos, no cura la falta de comunicación ni convierte a un equipo mediocre en un equipo estrella. No es un milagro, es una guía. Y como tal, depende de cómo la uses.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>6. La estrategia antes que el corre-corre</strong></p>



<p>Otro clásico: lanzarse a la piscina operativa sin revisar si hay agua. Las empresas parecen olvidar que, antes de empezar a «ser ágiles», hace falta un trabajo estratégico-táctico profundo. ¿Qué queremos lograr? ¿Cómo afecta esto a la organización? Pero no, mejor improvisar y luego preguntarse por qué el proyecto acabó pareciendo una peli de terror de bajo presupuesto.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>7. La agilidad no es cosa de equipos, sino de toda la organización</strong></p>



<p>Aquí viene el plato fuerte. Si realmente queremos que los equipos sean ágiles, toda la organización debe alinearse. Esto incluye finanzas, recursos humanos y hasta ese departamento misterioso donde nadie sabe qué hacen. Si el resto de la empresa sigue trabajando como si estuvieran en los años 90, la agilidad del equipo se convierte en una especie de gimnasia inútil, como correr en una cinta de gimnasio: mucho esfuerzo, ningún avance.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>8. Confundir herramientas con resultados</strong><br>Muchas empresas invierten en herramientas digitales carísimas creyendo que eso automáticamente las hará ágiles. Jira, Trello, Slack… todas son útiles, pero si la cultura sigue siendo rígida y burocrática, lo único que logras es digitalizar el desastre.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>9. Expectativas irreales de resultados inmediatos</strong><br>La agilidad no es una pastilla mágica que arregla todos los problemas en 30 días. Sin embargo, muchas empresas esperan ver resultados espectaculares en un trimestre, sin entender que la transformación ágil lleva tiempo, aprendizaje y, sobre todo, un cambio cultural profundo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>10. La resistencia al cambio disfrazada de entusiasmo</strong><br>En las reuniones iniciales, todo sonrisas: «¡Nos encanta la agilidad!» Pero, en cuanto alguien propone eliminar reuniones inútiles o cambiar procesos arcaicos, surgen mil excusas para seguir igual. La resistencia al cambio suele esconderse detrás de un falso entusiasmo que se desvanece a la primera dificultad.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><strong>Conclusión (y un poco de mala leche final)</strong></p>



<p>El problema de aplicar agilidad en las empresas no es la falta de herramientas o metodologías, sino el profundo desconocimiento y la desgana por cambiar de mentalidad. Las empresas quieren ser ágiles, pero sin salir de su zona de confort. Es como querer aprender a nadar sin mojarte. Y ahí radica el gran malentendido: la agilidad no se implementa, se vive.</p>



<p>Así que, si estás en una empresa y alguien menciona «hacer un equipo ágil», piensa en esto: ¿están dispuestos a cambiar o solo quieren ponerle un bonito sombrero a los mismos problemas de siempre? Porque, amigo mío, si no es lo primero, no estás aplicando agilidad&#8230; estás organizando un carnaval.</p>



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			</item>
		<item>
		<title>Daily Standups: Reunirse para no resolver nada</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/49</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Nov 2024 19:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Agile]]></category>
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					<description><![CDATA[Las Daily Standups, esos míticos rituales de Agile, prometen ser la solución definitiva para mantener a los equipos alineados, comunicados y, sobre todo, ágiles. Sin embargo...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Las Daily Standups, esos míticos rituales de Agile, prometen ser la solución definitiva para mantener a los equipos alineados, comunicados y, sobre todo, ágiles. Sin embargo, en la realidad cotidiana de muchas oficinas, estas reuniones han mutado en algo muy diferente: un espectáculo diario de frases hechas, actualizaciones irrelevantes y silencios incómodos. ¿Es este el precio de la «agilidad»?</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La teoría: breve y al grano</h4>



<p>La idea detrás de las Daily Standups es brillante en su simplicidad. Reúnes al equipo durante 15 minutos, todos de pie (porque nadie quiere alargarse demasiado estando incómodo), y cada miembro responde tres preguntas básicas:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>¿Qué hiciste ayer?</li>



<li>¿Qué harás hoy?</li>



<li>¿Hay algún impedimento en tu camino?</li>
</ol>



<p>En teoría, es una fórmula ganadora. Comunicación rápida, identificación de problemas y enfoque en los objetivos del día. Pero, como con tantas ideas bien intencionadas, el diablo está en la ejecución.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La realidad: un festival de obviedades</h4>



<p>En la práctica, muchas Daily Standups se convierten en un desfile de frases vacías como: «Ayer estuve revisando el backlog», «Hoy voy a avanzar con el sprint», o el infalible «No tengo impedimentos». Es decir, una perfecta combinación de obviedades y respuestas tan vagas que no aportan absolutamente nada. Todo mientras los miembros del equipo se miran con cara de hastío, deseando que termine pronto para volver al trabajo real.</p>



<p>¿El problema? Estas reuniones, diseñadas para ser ágiles, rara vez lo son. Entre interrupciones, desvíos a temas técnicos y discursos innecesarios, los 15 minutos mágicos se convierten en media hora (o más) de puro desperdicio de tiempo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Cuando el ritual importa más que el contenido</h4>



<p>La verdadera tragedia de las Daily Standups es que muchas empresas las tratan como un ritual sagrado, incluso cuando no están funcionando. ¿Por qué? Porque «es lo que se hace en Agile». Y así, día tras día, los equipos repiten el mismo ciclo de actualizaciones irrelevantes mientras los problemas reales se acumulan en el fondo.</p>



<p>Peor aún, las standups pueden generar una falsa sensación de progreso. «Nos reunimos todos los días, así que estamos alineados», dicen los managers mientras ignoran los problemas sistémicos que realmente frenan al equipo. Como si estar de pie juntos frente a una pizarra mágica pudiera resolverlo todo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">¿Cómo arreglamos esto?</h4>



<p>No todo está perdido. Las Daily Standups pueden ser útiles si se ejecutan con sentido común. Aquí van algunas ideas para devolverles su propósito original:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Corta lo irrelevante:</strong> Si alguien no tiene nada importante que decir, que no lo diga. No es obligatorio hablar solo por cumplir.</li>



<li><strong>Identifica problemas reales:</strong> Las standups deberían ser un espacio para identificar bloqueos y encontrar soluciones rápidas, no para actualizar lo que ya está en el tablero.</li>



<li><strong>Mide su valor:</strong> Si al equipo le parecen inútiles, tal vez lo sean. Evalúa si realmente están ayudando o si solo consumen tiempo.</li>



<li><strong>Rompe el ritual:</strong> No todas las metodologías funcionan para todos los equipos. Si las standups no son útiles, prueba otro enfoque. No hay una regla que diga que tienes que hacerlas solo porque Agile lo dice.</li>
</ul>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La lección</h4>



<p>Las Daily Standups, en esencia, no son el problema. Es la obsesión por hacerlas por cumplir, sin cuestionar su utilidad, lo que las convierte en una pérdida de tiempo. Así que, la próxima vez que estés atrapado en una de estas reuniones, pregúntate: ¿esto está resolviendo algo? Si la respuesta es no, quizás es hora de ponerse realmente ágil&#8230; y abandonar la standup.</p>



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		<item>
		<title>¿Agile es el nuevo Six Sigma?</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/31</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 Nov 2024 15:40:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Agile]]></category>
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					<description><![CDATA[En el universo corporativo, las modas gerenciales aparecen y desaparecen como estrellas fugaces, prometiendo iluminar el camino hacia el éxito empresarial. Uno de los fenómenos más recientes ha sido Agile.]]></description>
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<p>Si en lugar de leerlo prefieres escucharlo, puedes hacerlo aquí:</p>



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<p>En el universo corporativo, las modas gerenciales aparecen y desaparecen como estrellas fugaces, prometiendo iluminar el camino hacia el éxito empresarial. Uno de los fenómenos más recientes ha sido Agile, esa filosofía que promete flexibilidad, velocidad y un equipo feliz y colaborativo. Sin embargo, para los más veteranos del mundo de los negocios, Agile empieza a sonar peligrosamente familiar. ¿Recuerdan Six Sigma? Sí, aquel sistema que juraba erradicar los defectos y optimizar procesos hasta alcanzar la perfección.</p>



<p>El parecido no es solo anecdótico; Agile parece estar siguiendo los mismos pasos, y no siempre para bien.</p>



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<h4 class="wp-block-heading">Six Sigma: Una religión de números</h4>



<p>Six Sigma nació en los años 80, con Motorola y General Electric como sus devotos evangelizadores. La idea era simple: reducir la variabilidad en los procesos, optimizar todo hasta un margen de error casi inexistente y alcanzar un estándar casi divino de calidad. ¿El resultado? Una obsesión por los números, diagramas de Pareto en cada esquina y más reuniones para analizar métricas que tiempo real para innovar.</p>



<p>¿Y qué pasó con Six Sigma? Bueno, después de unos años gloriosos, las críticas empezaron a acumularse. Se volvió un sistema rígido y burocrático que sofocaba la creatividad. El enfoque obsesivo en los datos llevó a muchas empresas a perder de vista lo más importante: las personas.</p>



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<h4 class="wp-block-heading">Agile: De la flexibilidad al dogma</h4>



<p>Ahora, volvamos a Agile. Originalmente concebido como una solución para equipos de desarrollo de software, su filosofía se basaba en valores como la colaboración, la adaptabilidad y la entrega continua de valor. Hasta ahí, todo bien. Pero cuando Agile salió del ámbito del software y aterrizó en los departamentos de recursos humanos, marketing y, por supuesto, en las oficinas de los consultores, empezó a cambiar.</p>



<p>Hoy, Agile es más un checklist que una filosofía. Tienes que tener tus Daily Standups, tus Sprints, tu backlog perfectamente priorizado&#8230; ¿pero alguien recuerda para qué era todo esto? La flexibilidad y el sentido común se han reemplazado por una rigidez que irónicamente se parece al mismo sistema que Agile juró superar.</p>



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<h4 class="wp-block-heading">El ciclo interminable de las modas</h4>



<p>La comparación con Six Sigma no es descabellada. Ambos sistemas comenzaron como herramientas útiles con intenciones nobles, pero en manos de empresas obsesionadas con la implementación a cualquier costo, se convirtieron en dogmas. Agile, como Six Sigma, parece estar atrapado en ese ciclo eterno de promesas incumplidas: es una solución milagrosa que, en la práctica, genera tantas frustraciones como resultados.</p>



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<h4 class="wp-block-heading">¿Qué podemos aprender?</h4>



<p>Lo irónico es que tanto Six Sigma como Agile tienen principios valiosos que, aplicados con sentido común, pueden marcar una diferencia. Pero el problema no está en las metodologías; está en cómo las empresas las adoptan. Convertir cualquier sistema en una religión corporativa garantiza su fracaso. Porque ni el problema es siempre el mismo, ni la solución debería ser universal.</p>



<p>Entonces, ¿Agile es el nuevo Six Sigma? Quizás. Pero, si algo hemos aprendido del pasado, es que el verdadero enemigo de cualquier metodología no es su diseño, sino nuestra incapacidad de entenderla como una herramienta, no como una panacea.</p>



<p>Agile podría aún evitar el destino de Six Sigma, pero para eso, necesitamos menos ceremonias y más sentido crítico. Al final, no se trata de ser Agile o Six Sigma, sino de ser inteligente. ¿Será mucho pedir?</p>



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