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	<title>Formación &#8211; Jesús Gómez</title>
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	<description>Divagaciones varias</description>
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	<title>Formación &#8211; Jesús Gómez</title>
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		<title>La IA te quitará el trabajo (y el político ni se entera)</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/1114</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Apr 2025 07:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Liderazgo]]></category>
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					<description><![CDATA[Llevamos innovando desde que un simio afiló una piedra y descubrió que podía cazar mejor que con las manos. Después vino el fuego, el hierro, la rueda, la imprenta, el motor de vapor, la electricidad, la informática… y ahora, la inteligencia artificial.]]></description>
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<p>Si en lugar de leerlo prefieres escucharlo, puedes hacerlo aquí:</p>



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<p>Llevamos innovando desde que un simio afiló una piedra y descubrió que podía cazar mejor que con las manos. Después vino el fuego, el hierro, la rueda, la imprenta, el motor de vapor, la electricidad, la informática… y ahora, la inteligencia artificial.</p>



<p>Cada revolución tecnológica ha destruido empleos y ha creado otros nuevos. Lo sabemos. Lo repetimos como si fuera un mantra tranquilizador. <strong>Pero esta vez es distinto, porque esta vez la revolución ha entrado en la cabeza.</strong></p>



<p>La inteligencia artificial no solo reemplaza manos<strong>, reemplaza cerebros.</strong> Y lo hace con una eficacia, velocidad y versatilidad que ninguna revolución anterior había conseguido. ¿Abogados? Ya. ¿Traductores? Ayer. ¿Consultores? Por favor. ¿Programadores? Están temblando. ¿Médicos? En la cola. ¿Camioneros, teleoperadores, cajeros, administrativos, <em>community managers</em>? Reservando su cita con el desempleo.</p>



<p>Y no es ciencia ficción. Es esta semana, es hoy. Verás, llevo 15 trabajando en la IA —no &#8216;con&#8217; la IA, que también, si no &#8216;en&#8217; la IA, vamos que de esto entiendo un poco—, y aún así cada semana me asombro de la velocidad que lleva esto. Cuando digo que esto es para &#8216;ya&#8217; lo digo con conocimiento de causa. Lo veo a diario, y lo que está por venir a corto plazo es arrollador.</p>



<p>La diferencia con otras revoluciones es que <strong>no hay una barrera clara entre lo que se puede automatizar y lo que no.</strong> Antes, el obrero manual tenía que temer a la máquina. Ahora, <strong>es el trabajador cognitivo el que tiene que temer al algoritmo.</strong></p>



<p>Acabo de leer la siguiente noticia en el periódico El Mundo: “China revoluciona su ejército con la llegada del primer comandante de inteligencia artificial del mundo que supera a los humanos”. Vale, hay que leer la letra pequeña, pero esto llegará, y llegará a todas las escalas laborales. Curiosamente, como me decía hace poco un amigo médico muy preocupado por estos temas, la IA afectará más a su profesión que a la de enfermería, por eso de la cercanía y el trato de humano a humano&#8230; aunque nunca se sabe&#8230;</p>



<p>¿Y qué hacen los políticos ante esto? <strong>Nada.</strong> Ni lo entienden, ni lo discuten, ni lo planean. Siguen ocupados en su guerra cultural de cartón piedra, regulando pronombres, prohibiendo pajitas de plástico y abriendo nuevos observatorios de igualdad para, por ejemplo, proteger a las gallinas del abuso por parte de los gallos (sic). <strong>Mientras tanto, millones de empleos se vuelven obsoletos a una velocidad que el sistema educativo ni huele.</strong></p>



<p>Porque claro, se crearán nuevos empleos: <em>Desarrollador de prompts, curador de contenido sintético, técnico de ética algorítmica, editor de ADN digital&#8230;</em> Vale, muy bien. ¿Pero qué formación tienen hoy los trabajadores que se verán desplazados? ¿Podemos convertir a un conductor de camión, a un taxista, a un teleoperador en un experto en IA generativa? ¿Vamos a reconvertir a un administrativo de 52 años en analista de modelos de lenguaje? <strong>¿Alguien ha pensado un solo minuto en esto?</strong> No, porque pensar a largo plazo no da votos y los planes estratégicos no caben en un tuit. </p>



<p>Mientras tanto, <strong>el sistema educativo sigue atrapado en el siglo XX</strong>, formando empleados para empresas que ya no existen, reforzando memorias en lugar de competencias y repitiendo estructuras rígidas en un mundo líquido y plagado de incertidumbre.</p>



<p>Por supuesto, esto no es una crítica al progreso, <strong>es una crítica al inmovilismo suicida.</strong> La IA no es el problema, el problema es <strong>un sistema político que solo se mueve cuando se hunde</strong>. Bueno, eso y la apatía generalizada de una sociedad adormecida.</p>



<p>Y cuando todo esto explote —porque va a explotar— nos dirán que no se podía saber. Nos venderán una renta básica para calmar a los excluidos, y nos propondrán más regulaciones, más subsidios, más parches… <strong>pagados, claro, por los pocos que aún trabajen.</strong></p>



<p>El futuro no es una hipótesis, es un tsunami que ya está aquí. Y mientras la ola crece, los que mandan están ocupados en debates estéticos sobre sostenibilidad inclusiva. <strong>Una sociedad que no entiende la tecnología que la transforma, acaba esclavizada por ella. Y una clase política que no sabe de lo que habla, nos condena a pagar la factura de su ignorancia.</strong></p>



<p>Así que sí: <strong>la IA te quitará el trabajo.</strong> Y lo hará con precisión, asúmelo. Lo que hay que preguntarse es: <strong>¿qué estas haciendo tú para prepararte?</strong> y <strong>¿quién está haciendo algo para ayudarte a hacerlo?</strong> Spoiler: nada ni nadie.</p>
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		<title>Formación obligatoria: o aprendes o no cobras</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 29 Mar 2025 15:15:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
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					<description><![CDATA[En el maravilloso mundo de la empresa moderna, donde la innovación se mide en colores Pantone y el compromiso se calcula en número de clics, existe un ritual sagrado que todos, absolutamente todos, debemos cumplir: la formación obligatoria.]]></description>
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<p>En el maravilloso mundo de la empresa moderna, donde la innovación se mide en colores Pantone y el compromiso se calcula en número de clics, existe un ritual sagrado que todos, absolutamente todos, debemos cumplir: la formación obligatoria. Sí, esa gloriosa oportunidad anual (o trimestral, si tu empresa es especialmente devota) de aprender cosas que ya sabes, cosas que no necesitas saber o directamente cosas que jamás usarás. Y todo bajo una misma amenaza velada: “O lo haces, o no cobras”.</p>



<p>No importa tu puesto, tu experiencia o tu sentido común: tú vas a hacer el curso de “Prevención del acoso en la era digital”, el de “Protección de datos para humanos y reptiles”, y el de “Gestión emocional en entornos híbridos”. Todos ellos cuidadosamente diseñados con vídeos de stock, voces narradas por inteligencias artificiales mal entrenadas y test finales donde la respuesta correcta es “todas las anteriores”.</p>



<p>Porque la clave aquí no es aprender. No, qué va. La clave es certificar.</p>



<p>Aprender es secundario. Lo que importa es que el sistema marque un “completado”, que se genere un PDF con tu nombre y que alguien, en algún departamento de <em>compliance</em>, pueda decir que se han cumplido los objetivos formativos del trimestre. A eso se le llama “desarrollo del talento”, aunque en realidad el talento está cada vez más ocupado intentando reproducir el vídeo en velocidad 2x sin quedarse dormido.</p>



<p>Y claro, como todo esto es obligatorio, no falta la fecha límite: “Debe completarse antes del 30 de junio a las 12:00”. Y tú, que llevas semanas postergándolo porque estás trabajando de verdad, te ves el día 29 a las 23:46 contestando a un cuestionario sobre la gestión de residuos en oficinas, sudando frío porque has fallado dos veces y si fallas una tercera tendrás que repetir todo el módulo. Porque eso es lo que necesita tu empresa: que dediques dos horas a repetir que el cubo azul es para papel, no vaya a ser que reciclar mal destruya la cultura corporativa.</p>



<p>¿Y qué pasa si no lo haces? Pues dependiendo de la empresa, puede que te congelen la nómina, que bloqueen tu acceso al sistema o que te llegue un correo pasivo-agresivo de Recursos Humanos con asunto: “Gentil recordatorio sobre tu desarrollo profesional (¡urgente!)”.</p>



<p>Y tú, claro, te lo tragas. Porque en el fondo, sabes que nadie va a leer tu evaluación, que nadie va a comprobar si has aprendido algo, y que la empresa ni siquiera aplicará nada de lo que predica. Pero necesitas ese <em>check </em>verde. Esa marca que dice “cumplido”. Como si eso significara algo más que supervivencia.</p>



<p>Lo más triste es que podría ser diferente. La formación no tiene por qué ser una broma. Podría ser útil, estimulante, incluso transformadora. Pero para eso habría que escuchar a las personas, dejar de medir el aprendizaje en Excel y empezar a confiar en que, si alguien quiere aprender, lo hará mejor por interés que por obligación.</p>



<p>Así que la próxima vez que te llegue ese correo que empieza con “Como parte de nuestro compromiso con el desarrollo continuo…”, respira hondo, abre la plataforma de formación, pulsa <em>play</em>, sube la velocidad del vídeo, y deja que la sabiduría corporativa te atraviese como una ráfaga de aire acondicionado mal regulado.</p>



<p>Y recuerda: si no aprendes, al menos… cobra.</p>



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