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	<title>Lean &#8211; Jesús Gómez</title>
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	<title>Lean &#8211; Jesús Gómez</title>
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		<title>Kanban: Más pegatinas no te hacen más productivo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Feb 2025 13:38:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Agile]]></category>
		<category><![CDATA[Lean]]></category>
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					<description><![CDATA[El Kanban se ha convertido en una de las metodologías más populares en entornos de trabajo que buscan agilidad. Su promesa de mejorar la eficiencia, la transparencia y la gestión del flujo de trabajo ha seducido a equipos de todos los sectores. Sin embargo...]]></description>
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<p>Si en lugar de leerlo prefieres escucharlo, puedes hacerlo aquí:</p>



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<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>El Kanban se ha convertido en una de las metodologías más populares en entornos de trabajo que buscan agilidad. Su promesa de mejorar la eficiencia, la transparencia y la gestión del flujo de trabajo ha seducido a equipos de todos los sectores. Sin embargo, su adopción en muchas organizaciones ha derivado en un exceso de tableros coloridos, con filas interminables de tarjetas adhesivas que lejos de facilitar el trabajo, generan confusión y burocracia visual.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">El problema del «Kanban de escaparate»</h4>



<p>Muchas empresas han abrazado Kanban de manera superficial, limitándose a la implementación de tableros llenos de post-its o su equivalente digital. Sin embargo, más pegatinas no significan más productividad. La verdadera esencia de Kanban no radica en llenar columnas con tareas, sino en gestionar de manera efectiva el flujo de trabajo, reduciendo cuellos de botella y optimizando el rendimiento del equipo.</p>



<p>El «Kanban de escaparate» es aquel donde se invierte tiempo en la organización estética del tablero, en categorizar tarjetas con colores llamativos, pero sin abordar los problemas reales de capacidad, priorización o eliminación de desperdicio. Como resultado, se convierte en una herramienta de gestión pasiva más que en una solución dinámica para la mejora continua.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Límites del trabajo en curso: El corazón de Kanban</h4>



<p>Uno de los principios fundamentales de Kanban es la limitación del trabajo en curso (WIP, por sus siglas en inglés). Sin un control real del WIP, un equipo puede verse abrumado con demasiadas tareas en paralelo, lo que ralentiza el flujo y genera bloqueos innecesarios. Si un tablero Kanban solo se usa para visualizar el trabajo, pero no para restringirlo y optimizarlo, su impacto en la productividad es mínimo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Visualización sin acción: Una pérdida de tiempo</h4>



<p>Otro error frecuente es pensar que simplemente visualizar el trabajo en un tablero es suficiente para mejorar la eficiencia. La visualización es un medio, no un fin. Kanban debe ir acompañado de revisiones constantes, de ajustes en los flujos y de toma de decisiones basada en datos. Si un equipo se limita a mover tarjetas de «pendiente» a «en curso» y de ahí a «terminado», pero sin aprender de los cuellos de botella o mejorar sus tiempos de ciclo, el tablero se convierte en un mero mural decorativo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Kanban bien hecho: Menos colores, más impacto</h4>



<p>Para que Kanban realmente aporte valor, es necesario:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Limitar el WIP:</strong> Reducir la cantidad de tareas en curso para evitar bloqueos y mejorar la entrega continua.</li>



<li><strong>Medir y ajustar:</strong> Usar datos reales para mejorar los tiempos de ciclo y la eficiencia del flujo de trabajo.</li>



<li><strong>Enfocarse en la mejora continua:</strong> No basta con visualizar tareas; se debe actuar sobre los problemas detectados.</li>



<li><strong>Evitar la burocracia visual:</strong> Un tablero Kanban debe ser una herramienta funcional, no un exceso de color sin significado.</li>
</ul>



<p>La próxima vez que veas un tablero Kanban sobrecargado de tarjetas, pregúntate: ¿esto está ayudando al equipo a trabajar mejor o solo es ruido visual? La verdadera productividad en Kanban no se mide por la cantidad de pegatinas, sino por la eficacia con la que fluye el trabajo.</p>



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		<title>El peligro de ser &#8216;Lean&#8217; en una empresa obesa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Dec 2024 10:00:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Lean]]></category>
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					<description><![CDATA[El mantra del «Lean» ha conquistado el mundo corporativo. Empresas de todos los tamaños y&#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El mantra del «Lean» ha conquistado el mundo corporativo. Empresas de todos los tamaños y sectores se embarcan en cruzadas para reducir desperdicios, optimizar procesos y «ser más esbeltos». En teoría, es una filosofía admirable. Pero, ¿qué pasa cuando intentas aplicar Lean en una empresa que, en esencia, es obesa? El resultado suele ser desastroso: tensiones internas, frustraciones colectivas y una contradicción que nadie parece querer resolver.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Lean: la dieta milagro del mundo corporativo</h4>



<p>La filosofía Lean nació con un propósito claro: eliminar desperdicios, mejorar la eficiencia y entregar valor continuo al cliente. En su contexto original, como el Sistema de Producción de Toyota, Lean funcionaba porque estaba diseñado para una organización ya ágil, con procesos claros y una estructura eficiente. Pero muchas empresas, especialmente las grandes y burocráticas, ven Lean como una dieta milagrosa para resolver décadas de ineficiencia y exceso.</p>



<p>En lugar de abordar los problemas de raíz –procesos lentos, jerarquías excesivas, y una cultura que premia la conformidad en lugar de la innovación–, estas organizaciones intentan imponer Lean como una solución mágica. ¿El resultado? Un caos de iniciativas inconexas, empleados sobrecargados y un sistema que simplemente no puede sostenerse.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La contradicción de la obesidad organizacional</h4>



<p>El problema fundamental de implementar Lean en una empresa obesa es que las dos filosofías son completamente incompatibles. Una empresa obesa se caracteriza por:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Exceso de jerarquías:</strong> Toma cinco aprobaciones para que una decisión avance.</li>



<li><strong>Procesos inflados:</strong> Cada tarea pasa por múltiples manos antes de completarse.</li>



<li><strong>Mentalidad de riesgo cero:</strong> Todo se revisa, aprueba y reevalúa para evitar el más mínimo error.</li>



<li><strong>Cultura de inercia:</strong> «Siempre lo hemos hecho así» es la regla no escrita.</li>
</ul>



<p>Intentar implementar Lean en este contexto es como pedirle a alguien que corra una maratón mientras lleva un traje de sumo. La estructura misma de la organización bloquea cualquier intento de agilidad.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">¿Qué sucede cuando Lean falla?</h4>



<p>Cuando Lean se aplica sin resolver primero la obesidad organizacional, las consecuencias son inevitables:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Presión insostenible:</strong> Los empleados terminan haciendo el trabajo de dos personas porque «Lean significa optimizar recursos».</li>



<li><strong>Desconfianza:</strong> Los equipos perciben Lean como una excusa para recortar costos y reducir personal, lo que genera resistencia al cambio.</li>



<li><strong>Fracaso visible:</strong> Las iniciativas Lean pierden credibilidad rápidamente cuando no producen resultados, reforzando la idea de que «esto no funciona aquí».</li>



<li><strong>Burocracia Lean:</strong> En un giro irónico, la empresa crea nuevos procesos y roles para implementar Lean, aumentando aún más la complejidad.</li>
</ul>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">¿Cómo evitar el desastre?</h4>



<p>Lean puede funcionar incluso en empresas obesas, pero requiere un enfoque estratégico y honesto. Aquí algunos pasos clave:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Haz un diagnóstico realista:</strong> Antes de implementar Lean, identifica las áreas donde la obesidad organizacional está más presente. No puedes optimizar procesos que ya son intrínsecamente ineficientes.</li>



<li><strong>Empieza por la cultura:</strong> Lean no es solo una herramienta, es una mentalidad. Si la empresa no está dispuesta a cambiar su forma de pensar, cualquier intento será superficial.</li>



<li><strong>Simplifica primero:</strong> Antes de aplicar Lean, elimina las barreras burocráticas más evidentes. Esto no solo facilita el proceso, sino que también demuestra que el cambio es posible.</li>



<li><strong>Sé transparente:</strong> Comunica claramente los objetivos y beneficios de Lean, y asegúrate de que los equipos no lo perciban como una amenaza.</li>



<li><strong>Adapta Lean a tu realidad:</strong> No todas las prácticas Lean funcionan en todos los contextos. Ajusta la metodología a las necesidades y capacidades de tu organización.</li>
</ol>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Conclusión</h4>



<p>El peligro de ser Lean en una empresa obesa no está en la filosofía Lean en sí, sino en la forma en que se aplica. Forzar la agilidad en una estructura rígida es una receta para el fracaso. Antes de correr hacia el Lean, las empresas deben detenerse, mirar en el espejo y enfrentar sus propios excesos. Porque, al final, no puedes ser esbelto si no estás dispuesto a cambiar desde adentro.</p>



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		<title>La ironía de ser &#8216;Agile&#8217; en una empresa burocrática</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/118</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Dec 2024 10:00:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Agile]]></category>
		<category><![CDATA[Lean]]></category>
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					<description><![CDATA[El término Agile evoca imágenes de equipos dinámicos, decisiones rápidas y procesos fluidos. Es una&#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El término <em>Agile</em> evoca imágenes de equipos dinámicos, decisiones rápidas y procesos fluidos. Es una palabra que promete simplicidad y flexibilidad, una antítesis perfecta de la burocracia. Sin embargo, la ironía más grande del mundo corporativo moderno es que muchas empresas adoptan Agile mientras están atrapadas en un pantano de reglas, jerarquías y procesos interminables. ¿El resultado? Agile se convierte en otra casilla que marcar en el excel de compliance.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Cuando Agile choca con la burocracia</h4>



<p>Implementar Agile en una empresa burocrática es como intentar hacer correr a alguien con las piernas atadas. Puedes hacer un gran despliegue: formar equipos Scrum, poner pizarras llenas de post-its y contratar Agile Coaches. Pero si la estructura subyacente sigue siendo lenta y rígida, el esfuerzo está condenado al fracaso.</p>



<p>Imagina a un equipo tratando de implementar un sprint, pero cada decisión tiene que pasar por cuatro niveles de aprobación. O un backlog que necesita la bendición del comité estratégico antes de moverse un centímetro. En este contexto, los valores de Agile –autonomía, adaptabilidad y entrega continua– no solo son imposibles de alcanzar, sino que terminan siendo palabras vacías en un PowerPoint.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Los rituales vacíos de Agile</h4>



<p>La burocracia no mata a Agile de inmediato; lo pervierte lentamente. Se adueña de sus ceremonias y las convierte en formalidades sin propósito:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Daily Standups:</strong> Reuniones donde todos se limitan a repetir lo que ya escribieron en el Jira.</li>



<li><strong>Sprints:</strong> Proyectos que nunca terminan porque cada entrega necesita ser revisada y aprobada por departamentos que no tienen ni idea del objetivo.</li>



<li><strong>Retrospectivas:</strong> Una lluvia de ideas sobre cómo mejorar, cuyas conclusiones se archivan en algún rincón olvidado de Google Drive.</li>
</ul>



<p>Estas ceremonias, diseñadas para ser rápidas y enfocadas, se vuelven un reflejo de la burocracia: largas, tediosas y, al final, inútiles.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">El Agile simbólico</h4>



<p>En muchas empresas, Agile no es más que un símbolo. Se adopta porque «es lo que se hace ahora», no porque haya un verdadero interés en cambiar. El resultado es un Agile de fachada: se contratan Agile Coaches, se rediseñan oficinas para parecer startups tecnológicas, y se implementan herramientas como Jira o Trello. Pero el cambio cultural, el verdadero núcleo de Agile, ni siquiera se toca.</p>



<p>Esto crea una desconexión brutal entre lo que se predica y lo que se practica. Los empleados ven cómo los altos mandos hablan de «ser más ágiles» mientras exigen informes interminables y aprueban decisiones con meses de retraso. Es difícil sentirse motivado por una metodología que, en la práctica, solo añade más trabajo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">¿Es posible ser Agile en un entorno burocrático?</h4>



<p>La respuesta corta es: sí, pero no sin esfuerzo. Adoptar Agile en una empresa burocrática requiere mucho más que instalar pizarras blancas y cambiar el título de los gerentes a Scrum Masters. Requiere voluntad real de romper con las estructuras rígidas y crear un entorno donde los equipos tengan autonomía y los procesos sean verdaderamente flexibles.</p>



<p>Algunas claves para lograrlo:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>Empieza por la cultura:</strong> Agile no es una herramienta, es una mentalidad. Si los líderes no están dispuestos a cambiar su enfoque, cualquier intento de implementar Agile será superficial.</li>



<li><strong>Simplifica los procesos:</strong> Elimina pasos innecesarios en las aprobaciones y da a los equipos la autoridad para tomar decisiones rápidas.</li>



<li><strong>Evita el micromanagement:</strong> Agile se basa en la confianza. Si los gerentes no están dispuestos a soltar el control, es mejor no intentarlo.</li>



<li><strong>Acepta el cambio:</strong> Agile prospera en la adaptabilidad. Si los procesos no pueden cambiar rápidamente, no estás siendo Agile, estás jugando a serlo.</li>
</ol>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La ironía final</h4>



<p>La paradoja de Agile en una empresa burocrática es que, para implementarlo con éxito, primero necesitas ser menos burocrático. Es como tratar de aprender a nadar sin salir de la orilla. Si no estás dispuesto a cuestionar las reglas, las jerarquías y los procesos que definen tu empresa, Agile será solo otra etiqueta que añadir a tu lista de fracasos corporativos.</p>



<p>Así que, antes de pegar el póster del manifiesto Agile en la sala de reuniones, pregúntate: ¿estamos realmente dispuestos a cambiar o solo queremos parecer modernos? Porque, si no es lo primero, lo segundo es simplemente otra burocracia disfrazada de innovación.</p>



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		<title>El mito del &#8216;Lean&#8217; perfecto: ¿quién limpia tu caos?</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/12</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 Nov 2024 15:13:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Lean]]></category>
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					<description><![CDATA[En el vasto y confuso mundo empresarial, pocas palabras resuenan con tanto entusiasmo como "Lean". Es el mantra de los directores ejecutivos, la promesa de los consultores y el sueño húmedo de los departamentos de finanzas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Si en lugar de leerlo prefieres escucharlo, puedes hacerlo aquí:</p>



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<p>En el vasto y confuso mundo empresarial, pocas palabras resuenan con tanto entusiasmo como «Lean». Es el mantra de los directores ejecutivos, la promesa de los consultores y el sueño húmedo de los departamentos de finanzas. La teoría es simple: reduce los desperdicios, maximiza el valor, y todos vivirán felices y productivos para siempre. Pero, como suele pasar con las modas corporativas, la realidad está lejos de ser tan brillante.</p>



<p>En muchos casos, el «Lean perfecto» se convierte en una excusa para justificar decisiones cuestionables. ¿Despidos masivos? «Estamos eliminando el desperdicio humano». ¿Cortar presupuestos esenciales? «Estamos siendo más esbeltos». ¿Sobreexigir a los empleados? «Estamos optimizando el flujo de trabajo». Al final, en lugar de lograr una organización ágil y eficiente, muchas empresas terminan con un caos organizado que nadie se atreve a señalar, porque, claro, ¡es Lean!</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Lean, pero no tanto</h4>



<p>La obsesión por ser «Lean» a menudo ignora el factor humano. En la práctica, esto significa pedirle a los equipos que hagan más con menos, sin considerar que el concepto original de Lean nunca se trató de exprimir a las personas hasta el agotamiento. Toyota, el modelo a seguir para esta filosofía de trabajo, siempre puso un fuerte énfasis en el respeto por los empleados. Sin embargo, este pequeño detalle parece haberse perdido en la traducción cuando las empresas lo aplican.</p>



<p>En lugar de enfocarse en procesos realmente eficientes, muchas compañías gastan interminables horas en reuniones para discutir cómo ser más «Lean». Ironía máxima: perder tiempo para hablar sobre cómo no perder tiempo. Y mientras los consultores llenan sus presentaciones de gráficos y jerga técnica, los empleados de a pie lidian con un aumento de tareas, menos recursos y una creciente frustración.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">¿Quién limpia el desastre?</h4>



<p>Cuando los proyectos Lean fracasan, la culpa rara vez recae en la metodología. No, es mucho más fácil señalar al «factor humano» o a la «resistencia al cambio». Pero la verdadera pregunta que nadie quiere responder es: ¿quién se encarga del caos que dejan estos intentos fallidos?</p>



<p>La respuesta, claro está, son los mismos empleados que ya estaban sobrecargados. Los que se quedan hasta tarde corrigiendo errores, arreglando procesos mal diseñados y lidiando con clientes insatisfechos. Todo mientras los ejecutivos celebran el éxito del «Lean» en la última presentación trimestral.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Volver a lo básico</h4>



<p>Quizás es hora de recordar que Lean no se trata de cortar por cortar, ni de forzar a la gente a adaptarse a procesos imposibles. El corazón de esta filosofía radica en entender cómo aportar valor de forma sostenible, sin sacrificar la calidad ni quemar a los equipos. Pero para lograr esto, se necesita algo más que un eslogan pegajoso: hace falta liderazgo con visión, procesos bien pensados y, sobre todo, respeto por las personas.</p>



<p>Así que, la próxima vez que alguien te hable de implementar Lean, hazle una simple pregunta: «¿Quién va a limpiar el desastre si no funciona?» Si no tienen una respuesta clara, quizás sea mejor dejar el caos donde está. Al menos, por ahora, sabes en qué esquina está acumulado.</p>



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		<title>La declaración de Matsushita</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Oct 2024 14:48:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Lean]]></category>
		<category><![CDATA[Liderazgo]]></category>
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					<description><![CDATA[En 1982 en la Harvard Business School, Konosuke Matsushita, filósofo e industrial japonés, a la sazón fundador de Panasonic, hizo la siguiente declaración ante un grupo de estupefactos industriales norteamericanos]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Si en lugar de leerlo prefieres escucharlo, puedes hacerlo aquí:</p>



<div style="width: 100%; height: 200px; margin-bottom: 20px; border-radius: 6px; overflow: hidden;"><iframe style="width: 100%; height: 200px;" frameborder="no" scrolling="no" allow="clipboard-write" seamless src="https://player.captivate.fm/episode/146a52e4-2ae6-4f08-a7c8-026b4bcbf89f/"></iframe></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>En 1982, en la Harvard Business School, <strong>Konosuke Matsushita</strong>, filósofo e industrial japonés, a la sazón fundador de Panasonic, hizo la siguiente declaración ante un grupo de estupefactos industriales norteamericanos:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>Nosotros ganaremos y el Occidente industrial perderá: no podéis hacer gran cosa, porque lleváis vuestra derrota dentro de vosotros mismos. Vuestras organizaciones son taylorianas; pero lo peor es que vuestros cerebros también lo son.</em></p>



<p><em>Estáis absolutamente convencidos de hacer funcionar bien vuestras empresas separando por un lado a los jefes y por el otro a los ejecutantes, de un lado los que piensan, del otro los que trabajan manualmente. Para ustedes, la dirección es el arte de hacer pasar adecuadamente las ideas de los patronos a las manos de los obreros.</em></p>



<p><em>Nosotros somos post-taylorianos: sabemos que los negocios han llegado a ser tan complicados, tan difíciles y la supervivencia de una firma tan problemática, en un entorno cada vez más peligroso, inesperado y competitivo, que una empresa debe cada día movilizar toda la inteligencia de todos para tener la oportunidad de seguir funcionando bien.</em></p>



<p><em>Para nosotros, la dirección es, precisamente, el arte de movilizar y de engavillar la inteligencia de todos al servicio del proyecto de empresa, porque hemos tomado, mejor que vosotros, la medida de los nuevos desafíos tecnológicos y económicos; sabemos que la inteligencia de algunos tecnócratas, por brillantes que sean, es de ahora en adelante totalmente insuficiente para mantenerles</em>.</p>
</blockquote>



<p>&#8230;y el tiempo le ha dado la razón. Sólo tenemos que mirar alrededor para ver que la mayor parte de los productos de calidad que consumimos en occidente son de origen japonés o koreano.</p>



<p>Pero, por qué se produjo ese milagro japonés. La respuesta nos la da el propio Matsushita: la movilización de la inteligencia de todos los miembros de la empresa.</p>



<p>El mayor exponente y ejemplo lo tenemos en la empresa Toyota y en los trabajos que en ésta hizo Taiichi Ohno. Sus lecciones son sencillas: respeto a las personas, perfección en el trabajo, disciplina, visión a largo plazo, el valor al cliente como único punto de referencia y una gerencia pegada al terreno.</p>



<p>A partir de estos postulados se desarrolló el modelo de producción de Toyota y un conjunto de herramientas que, con el devenir del tiempo, pasó a llamarse modelo de producción Lean. ¿Sencillo no? Bueno, Toyota ha estado experimentando con él durante 60 años y todavía están aprendiendo.</p>



<p>A veces es necesario que existan profundas crisis para que se perciba la necesidad de establecer cambios que anteriormente pasaban desapercibidos. En el año 1972 se inicio la gran crisis del petróleo que casi acaba con la industria norteamericana, hasta el punto que empresas tan grandes y poderosas como la Ford tuvieron que ser nacionalizadas para subsistir. Esto llevo a un cambio en sus modelos de producción y la ‘Toyotización’ de las empresas industriales occidentales a lo largo de los 80 y los 90.</p>



<p>Ahora nos enfrentamos a otra profunda crisis y el nuevo foco de mejora lo tenemos en las empresas de servicios. Como ocurrió a finales del siglo XX con la industria, hemos dirigido la mirada a los modelos de producción japoneses para intentar mejorar la eficacia y eficiencia en las empresas de servicios, por lo que vemos como la palabra Lean (y su derivada, Agile) a entrado con fuerza en el vocabulario de cualquier gerente que esté a la moda.</p>



<p>Pero cuidado, tenemos que entender que Lean es realmente una filosofía de trabajo, que las herramientas que éste nos propone no son más que eso: herramientas. Se puede observar con estupor cómo muchas empresas de servicios han ‘implantado’ Lean a través de la puesta en marcha de Mapas de la Cadena de Valor, los Kanban o las 5S, pero no se toca un ápice la cultura corporativa ni se eliminan los viejos sistemas jerárquicos ni se establece un modelo de liderazgo visionario.</p>



<p>En una ocasión le preguntaron a Taiichi Ohno que explicara el modelo de producción que se había desarrollado en Toyota y dijo: “<em>El objetivo es incrementar la producción, eliminando las ineficiencias de forma consciente e implacable. Esto, y el respeto a las personas, de igual importancia, configuran la base del sistema de producción de Toyota</em>. <em>Nuestro modelo de trabajo no se basa en lo que hacemos, se basa en lo que somos</em>” .</p>



<p>Sólo dos datos para situarnos en el contexto: primero, sólo el 2% de las empresas que inician una transformación Lean logran realizarla con éxito; y segundo, preparar y formar a un buen líder Lean lleva entre 10 y 15 años.</p>



<p>Visto lo visto podemos intuir que transformar una empresa para que opere bajo la filosofía Lean no es algo tan sencillo como ejecutar un conjunto de herramientas. Toyota lleva 60 años usando este modelo y todavía están aprendiendo.</p>



<p>¿Lean funciona? Por supuesto, las empresas que lo han puesto en marcha han obtenido beneficios reales en su cuenta de resultados. Pero las que simplemente lo han visto como un conjunto de herramientas han constatado que el éxito es efímero y que a la primera de cambio se regresa a los modelos antiguos. Si queremos que funcione es necesario realizar primero, antes que ninguna otra cosa, un profundo, duro y complejo cambio cultural en la organización que puede llevar años de trabajo.</p>



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