<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Métricas &#8211; Jesús Gómez</title>
	<atom:link href="https://jesusgomez.me/archivos/tag/metricas/feed" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://jesusgomez.me</link>
	<description>Divagaciones varias</description>
	<lastBuildDate>Thu, 10 Apr 2025 13:55:11 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.1</generator>

<image>
	<url>https://jesusgomez.me/wp-content/uploads/2025/04/cropped-Funko-con-canas-gafas-rojas-Cuadrada-Fondo-transparente-32x32.webp</url>
	<title>Métricas &#8211; Jesús Gómez</title>
	<link>https://jesusgomez.me</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>El KPI lo justifica todo: el arte de ignorar los KBI</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/365</link>
					<comments>https://jesusgomez.me/archivos/365#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Mar 2025 11:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Métricas]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://jesusgomez.me/?p=365</guid>

					<description><![CDATA[La próxima vez que te hablen de KPI, pregunta por los KBI. La cara de desconcierto que recibirás será la prueba de que, en la mayoría de los casos, seguimos valorando más los resultados que el camino para lograrlos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>En el maravilloso mundo de la gestión empresarial, donde los PowerPoint brillan más que los resultados y las reuniones interminables sirven como terapia colectiva, hay un mantra sagrado: «Lo que no se mide, no se gestiona». Y así, con una devoción casi religiosa, las empresas se llenan de KPI (Key Performance Indicators), esos numeritos mágicos que prometen transformar el caos en eficiencia. Pero, curiosamente, hay algo que no se mide y que parece no importar: cómo se logran esos KPI.</p>



<p>Aquí entran en juego los grandes olvidados, los KBI (Key Behavior Indicators). Mientras los KPI nos dicen qué tan rápido corremos hacia un objetivo, los KBI nos indicarían si hemos pisoteado a medio equipo en el proceso. Pero claro, establecer límites de comportamiento puede ser inconveniente. ¿Para qué preocuparnos por el «cómo» si lo único que importa es el «cuánto»?</p>



<br>



<p><strong>La Falacia del &#8216;Todo Vale&#8217;</strong></p>



<p>El problema de centrarse solo en los KPI es que fomentan una cultura del «todo vale». ¿Hay que aumentar las ventas? No importa si se engaña un poco al cliente. ¿Hay que mejorar la productividad? Que el equipo trabaje 12 horas al día sin rechistar. ¿Hay que reducir costes? Se recortan recursos sin pensar en las consecuencias. Y cuando las cosas salen mal, siempre queda el clásico «cumplimos con los números».</p>



<br>



<p><strong>La resistencia empresarial a los KBI</strong></p>



<p>Cada vez que alguien sugiere medir comportamientos, la reacción suele ser unánime: una mezcla de incomodidad, excusas creativas y la certeza de que «no hace falta complicarse la vida». Implementar KBI implicaría reconocer que no basta con alcanzar los objetivos, sino que hay una manera correcta (o al menos ética) de hacerlo. Y eso ya es pedir demasiado.</p>



<p>Además, ¿qué directivo quiere que le evalúen por su comportamiento? Es más fácil fijar una meta de ingresos que establecer estándares de transparencia, colaboración o liderazgo efectivo. Porque, claro, eso de ser un jefe tóxico con KPI impecables es casi un requisito en algunas empresas.</p>



<br>



<p><strong>¿Por qué los KBI importan más de lo que se cree?</strong></p>



<p>Cuando se ignoran los KBI, el daño a la cultura organizacional es profundo. Se crean entornos donde la gente compite entre sí en lugar de colaborar, donde la manipulación es un talento y la ética es un obstáculo. A largo plazo, esto se traduce en fuga de talento, desconfianza interna y, paradójicamente, en una caída del rendimiento real. Pero como los KPI a corto plazo maquillan la realidad, el desastre tarda en hacerse evidente.</p>



<p>Si las empresas realmente quisieran mejorar, integrarían los KBI con la misma seriedad con la que tratan los KPI. No basta con alcanzar objetivos; hay que hacerlo de manera sostenible y con principios claros. Claro, para eso haría falta voluntad real de cambio. Y ya sabemos que en muchas empresas, cambiar es más temido que un auditor con tiempo libre.</p>



<p>Así que la próxima vez que te hablen de KPI, pregunta por los KBI. La cara de desconcierto que recibirás será la prueba de que, en la mayoría de los casos, seguimos valorando más los resultados que el camino para lograrlos.</p>



<meta name="fediverse:creator" content="@blog@jesusgomez.me">
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://jesusgomez.me/archivos/365/feed</wfw:commentRss>
			<slash:comments>4</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>OKR: Cuando los resultados son solo números bonitos</title>
		<link>https://jesusgomez.me/archivos/55</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jesús]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Nov 2024 16:50:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[Métricas]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blog.jesusgomez.me/?p=55</guid>

					<description><![CDATA[Los OKR (Objetives and Key Results) se han convertido en el estándar dorado de las empresas modernas. Google los usa, las startups los aman, y los consultores los venden como el Santo Grial de la productividad.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Si en lugar de leerlo prefieres escucharlo, puedes hacerlo aquí:</p>



<div style="width: 100%; height: 200px; margin-bottom: 20px; border-radius: 6px; overflow: hidden;"><iframe style="width: 100%; height: 200px;" frameborder="no" scrolling="no" allow="clipboard-write" seamless src="https://player.captivate.fm/episode/34641536-4d23-48f0-b3a3-898b7ea63578/"></iframe></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>Los OKR (Objetives and Key Results) se han convertido en el estándar dorado de las empresas modernas. Google los usa, las startups los aman, y los consultores los venden como el Santo Grial de la productividad. Sobre el papel, prometen alinear equipos, enfocar esfuerzos y medir el progreso con precisión quirúrgica. En la práctica, sin embargo, a menudo se transforman en una obsesión por números bonitos que apenas reflejan la realidad.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La promesa de los OKR</h4>



<p>El concepto es simple: estableces un objetivo ambicioso (el «O») y lo desglosas en resultados clave (los «KR») medibles y específicos. Por ejemplo:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Objetivo:</strong> Ser la empresa más innovadora del sector.</li>



<li><strong>Resultados clave:</strong>
<ol class="wp-block-list">
<li>Lanzar tres nuevos productos este trimestre.</li>



<li>Reducir el tiempo de desarrollo en un 20%.</li>



<li>Obtener 10 menciones en medios especializados.</li>
</ol>
</li>
</ul>



<p>En teoría, este enfoque impulsa a los equipos a ser ambiciosos y enfocados, mientras proporciona métricas claras para evaluar el progreso. Hasta aquí, todo suena maravilloso. Pero, como ocurre con muchas herramientas empresariales, el diablo está en los detalles.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La realidad: métricas vacías y objetivos irreales</h4>



<p>El primer gran problema de los OKR es su tendencia a convertirse en un ejercicio de <em>vanity metrics</em>. En lugar de centrarse en resultados que realmente importen, los equipos a menudo eligen métricas fáciles de alcanzar o que simplemente «se ven bien» en los informes. Por ejemplo, conseguir 10 menciones en medios suena impresionante, pero ¿realmente contribuye a ser más innovadores? ¿O es solo una forma de rellenar el informe trimestral?</p>



<p>Por otro lado, la ambición desenfrenada puede llevar a objetivos completamente irreales. En la búsqueda de ser «ambiciosos», las empresas establecen metas tan inalcanzables que los equipos pierden la motivación. O peor aún, terminan manipulando los datos para parecer que están progresando, cuando en realidad no lo están.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">El juego de los números</h4>



<p>Un efecto colateral de los OKR es su tendencia a reducir el éxito a números. Pero no todo lo importante es cuantificable, y no todo lo que es cuantificable es importante. Por ejemplo:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un equipo de atención al cliente podría centrarse en reducir el tiempo de resolución de llamadas, pero ignorar por completo la calidad del servicio.</li>



<li>Un departamento de ventas podría priorizar cerrar más contratos, pero con clientes que no se ajustan al producto, creando problemas a largo plazo.</li>
</ul>



<p>En ambos casos, los OKR generan una ilusión de progreso, mientras los problemas reales se acumulan fuera de las hojas de cálculo.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">La cultura de la medición excesiva</h4>



<p>La obsesión por los OKR también puede llevar a una cultura de microgestión y estrés. Cuando cada actividad está ligada a un KR específico, los empleados pueden sentirse vigilados y presionados para «cumplir con los números», en lugar de trabajar de forma creativa o estratégica. Además, el tiempo que se invierte en definir, rastrear y reportar los OKR a menudo supera el tiempo que se dedica a cumplirlos.</p>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">¿Hay esperanza para los OKR?</h4>



<p>A pesar de sus defectos, los OKR no son intrínsecamente malos. Cuando se implementan con sentido común y un enfoque en la calidad, pueden ser una herramienta poderosa. Aquí hay algunas recomendaciones para evitar que se conviertan en un simple concurso de números bonitos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Enfócate en lo que importa:</strong> Asegúrate de que los KR estén alineados con objetivos estratégicos reales, no solo con métricas superficiales.</li>



<li><strong>Sé flexible:</strong> Los OKR no son un contrato. Si las circunstancias cambian, ajústalos. No te obsesiones con cumplir objetivos irrelevantes solo por cumplir.</li>



<li><strong>Mide calidad, no solo cantidad:</strong> Combina métricas cuantitativas con cualitativas para obtener una visión más completa del progreso.</li>



<li><strong>Desacraliza los OKR:</strong> Son una herramienta, no una religión. Si algo no está funcionando, cámbialo.</li>
</ul>



<br>



<h4 class="wp-block-heading">Conclusión</h4>



<p>Los OKR tienen un gran potencial, pero también un enorme riesgo: convertir el éxito en un juego de números sin alma. La clave está en recordar que los resultados no son solo números bonitos en un informe; son cambios reales que deben tener impacto. Así que la próxima vez que alguien te hable de sus «impresionantes OKR», pregúntales: ¿Qué hay detrás de esos números? Si la respuesta es un silencio incómodo, ya tienes tu respuesta.</p>



<meta name="fediverse:creator" content="@blog@jesusgomez.me">
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
